Las revistas de chismes del espectáculo son popularmente adictivas. En México existe una gran circulación de este tipo magazines, siendo TV y Novelas una de las más representativas y con más trayectoria. Una característica distintiva de éstas es sin duda la portada, la cual tiene que gritar para llamar la atención de los lectores potenciales. Y que mejor manera de hacerlo con textos en caja alta, colores vibrantes, falta de aire en la composición y enunciados estridentes.

Portada de TV y Novelas
Lo importante tiene que aparecer en la portada. Pero, ¿qué es lo importante? ¿quién lo determina? Quizá a muchos nos cruza por la cabeza la palabra editor y más aún, podríamos determinar que “él decide, él dirige, y punto”.
Si hacemos la analogía con la Web, la portada vendría siendo la página de inicio. ¿Cuáles son las respuestas a las mismas preguntas? El editor o webmaster sería quien determina qué, en qué orden y dónde van las cosas ¿no? Sin embargo, la Web es una de las entidades donde el poder del usuario final tiene más peso para lograr el éxito ¿o no?
Supongamos que el webmaster es en sí el “diseñador web”: el que se encarga no sólo del mantenimiento sino que ha participado tiempo atrás, tanto en la estructura como en el layout. Este caso es fácilmente visible en freelancing o en trabajos donde un equipo pequeño (incluso de una o dos personas) se encarga de un sitio completo.

Pues bien, la premisa del “lado del diseñador” sería “poseo los conocimientos para determinar cómo indentificar la estructura del sitio y la interfaz de este”; ergo, “aquí está el sitio propuesto, úsese”. Sin embargo, existe una contraparte: los stakeholders o las personas interesadas (en el sitio). No estamos hablando del usuario final. Entre estas personas puede estar quien encarga el sitio (contratista), el jefe, un comité que determina qué información se estará presentando, etc. Lo “sabroso” se da cuando la mente (y el ego, por qué no) del diseñador se encuentra con la de los stakeholders para determinar, entre otras cosas, qué incluye y cómo debe ser la página de inicio, la “gran carta de presentación”.

En ese cruce de “aires”, cual formación de tornado, suele darse un “Síndrome de portada TV y Novelas” en el index o página de inicio, el cual corrompe terriblemente la posible propuesta óptima de interfaz web por parte del diseñador. Todo es importante y todo debe resaltar. Claro, las opiniones son muy sesgadas dependiendo del stakeholder en cuestión. Justo ahí es donde entra el grado de influencia de cada uno de ellos; sin embargo, todos quieren tener visible el nicho de información de su interés.

La “homepage TV y Novelas”, le pone al usuario todo a la mano, eso debe ser bueno. Se pueden encontrar banners animados en flash y muchos botones o imágenes por todas partes, textos de gran tamaño, menús desplegables con muchas pero muchas opciones, más de 5 logotipos (por eso de mostrar que el sitio es importante), etc.
El ying-yang de este asunto puede describirse así: el diseñador web no preparó la estructura (navegacional y visual) del sitio “a prueba de balas” y tampoco se preocupó por sensibilizar a los stakeholders hacia una cultura de la usabilidad y fucionalidad (¿qué queremos con el sitio? ¿para qué servirá?); por otro lado, las personas interesadas sí quitan autoridad al diseñador (aunque se les explique), debido a que lo “importante” es lo importante y tiene que estar en el index, cuanto más opciones, mejor. No se trata de armar “pleito”, ni de ver quién tiene la razón, sino de darse cuenta que un sitio web va más allá de “presentar información”, porque en la mayoría de las veces están ahí para usarse.

¿Y a qué lleva el último punto? La respuesta es simple: cuando los usuarios usan el sitio (valga la redundancia), se topan con una página de inicio saturada, con demasiada información, muchas opciones para seguir navegando y que pobremente responde a sus necesidades. Después, cuando llega la retroalimentación, sobretodo en esas situaciones donde se apremia “la calidad en el servicio”, los stakeholders se dan cuenta que la página de inicio y todo el sitio, están mal. Como parte de este síndrome entra su desesperación por no quedar mal y demostrar que sí hay aptitud, que se tiene un sitio web bueno, usable y relevante. Es posible que en este punto se recurra de nuevo al diseñador para que “corrija” tales desperfectos.
El síndrome puede evitarse, pero requiere de la participación de los stakeholders y que sepan hasta dónde llega su autoridad, dejando lo pertinente al diseñador web, que en teoría es el experto y sabe lo que conviene pensando en los usuarios del sitio. Lo complicado está que se involucran aspectos emocionales (en particular de egocentrismo) tanto en el diseñador como en las personas interesadas, por lo que “sanar” es más difícil de lo que parece.
El diseñador para ponerse frío, hay que reconocerlo, debe hacer su chamba, documentar en la medida de lo posible (wireframes y blueprints, esquemas y diagramas, todo lo válido para comunicar por qué se hacen las cosas) y ser claro ante los stakeholders sobre lo que se pensó, lo que se tiene, lo que puede ser y lo que se podría hacer.
¿Complicado o díficil? Sí. Pero es parte del show ¿o no?